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La oniromancia
Se basaba en la antigua creencia de que los sueños son usualmente premonitorios avisando así de la posible ocurrencia de un acontecimiento o situación. El sueño es una función vital, sin él, los seres humanos no podríamos sobrevivir. Sin embargo, el sueño, no sólo se presenta cuando se duerme, en estado de vigilia también se sueña, ocurre durante esos cortos instantes de evasión en el que la mente deriva, se desconecta y divaga. Denominado ensoñación diurna o sueño diurno, se podría considerar éste un estado intermedio situado entre la vigilia y el sueño.
El psicoanálisis moderno no fue el primero en cuestionarse si los sueños en sí tenían algún significado más allá de ser simples recuerdos aleatorios que cruzan la mente del durmiente. En culturas milenarias como la babilónica, egipcia, israelita, persa, india o china, esta cuestión ya había sido planteada incluso antes de la aparición de la escritura. Y se le asignaron efectos terapéuticos de la interpretación de los sueños. De este modo, el hombre antiguo daba y encontraba un sentido a sus sueños utilizando el lenguaje de los signos, de los símbolos, de los mitos y de las creencias. Más tarde, en los países islámicos la oniromancia fue el último arte adivinatorio aceptado por el profeta y predicado a los creyentes. Estos elaboraron un verdadero código moral o deontológico para su práctica.
Diccionarios
de símbolos
Un
diccionario de símbolos oníricos proporciona un medio para que
el soñante pueda, de alguna manera, descifrar los símbolos que
ha encontrado en su sueño. Estos diccionarios han sido editados de
una forma muy variada y vienen siendo usados desde tiempos milenarios, siendo
el más antiguo conocido el escrito por Artemidoro de Daldis (o de Éfeso)
en el siglo II. En algunos de los mencionados manuales de símbolos
es muy factible encontrar elementos a primera vista contradictorios y en muchos
casos la explicación dada a un símbolo en los sueños
puede pasar por algo totalmente opuesto al sueño en sí. Finalizando
el siglo XIX y adentrándonos en el siglo XX, Sigmund Freud publicará
su obra «La interpretación de los sueños» y con
ella tratará de posicionar el análisis de los sueños
en un contexto científico, abandonando la tradición oniromántica.
Se pasaría de una interpretación generalista donde se podría
interpretar el sentido de un sueño a través de un manual o diccionario
común, es decir, por medio de un agente externo al soñante,
sea un tratado o el propio oniromante, hacia un análisis en donde cada
sueño es único y remite por lo tanto a una ideosincrasia onírica,
siendo la propia persona que sueña el agente encargado de desentrañar
su significado. En palabras del propio Freud, el psicoanalista cumpliría
realmente una función similar al de una persona que ayuda en el momento
del parto. Cada significado o interpretación individual solo tendría
cabida entonces en el contexto de una vivencia histórica personal.
Deja de tener primacía y exclusividad el uso del diccionario. De hecho,
ni Freud ni Jung, quien ampliaría su interpretación al ámbito
de lo inconsciente colectivo, escribirían diccionario de sueños
alguno.